Estamos tan pendientes de
atenuar arrugas, eliminar rojeces,
disimular ojeras... que no reparamos en uno de los aspectos más importantes para estar resplandeciente: aportar luz al rostro. Conseguirlo es muy sencillo y no necesitas emplear mucho tiempo; puedes hacerlo a la vez que te pones la base de maquillaje. Te decimos cómo y con qué.
Si no tienes a mano un producto específico, el iluminador facial, puedes utilizar una
base de maquillaje más clara que la habitual, unos dos tonos por debajo, o polvos sueltos con un ligero toque nacarado. Lo más importante es que apliques el producto en cinco zonas concretas de la cara: centro de la frente, extremos de ambos ojos, barbilla, párpado fijo y bajo los ojos, en la parte más alta de los pómulos. Recuerda que debes difuminarlo bien para que la piel quede luminosa, lisa y nadie descubra el secreto de tu brillo.