¿Te has parado a pensar el esfuerzo al que sometes a tus pies cada vez que te calzas unos tacones?
Por si no lo sabes, tu pie es algo más que un simple trozo de carne con dedos. Se trata de una estructura que contiene –nada más ni nada menos– que 26 huesos, responsables de soportar todo el peso (incluidos esos kilitos de más) de una persona.
A este complejo entramado hay que añadir más de cien tendones, articulaciones, músculos y nervios que envían esa sensación de dolor cuando llevamos largas horas en las alturas. Aunque los pies tienen su propio mecanismo de defensa, ya que se adecuan a la superficie que pisamos, desde la arena blanda de la playa hasta las rígidas aceras de la ciudad, es necesario llevar un calzado correcto que incremente esta adaptabilidad. Lesiones y dolores crónicos de espalda, mala circulación sanguínea, juanetes, dedos en martillo... El uso habitual de tacones demasiado altos puede traer desagradables consecuencias si antes no preparamos bien los pies. Por ello es necesario prestar toda la atención a esta obra de arte concebida para andar, pero a la que pocas veces hacemos caso.