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Ana Fernández muy moderna con un Top anudado al cuello de Cortefiel. Vaquero de Sinequanone. Sandalias  de Adolfo Domínguez. Pulsera y anillo de Tous.
 

"Lloro sin trucos, sin gotas de colirio, sólo dejándome llevar por la secuencia"



Presumo de ser brujilla


Ana Fernández


¿Qué tiene de folclórica una sevillana?

A mí me gusta mucho la copla. Y cuando me dejan, claro que la canto. En el rodaje de Morir en San Hilario, llegaba cantando todas las mañanas y no me echaron nunca. Con Ojos verdes me aplaudían, pero claro, estábamos en Argentina. Aquí no sé qué hubiera pasado.

¿Ya escoges los papeles o todavía te inquietas esperando a que suene el teléfono con ofertas de trabajo?

Si lo que me proponen no me convence, prefiero esperar sin miedo a que llegue algo mejor. Los proyectos me tienen que enamorar, la historia, el personaje, y por supuesto, el director.

¿Suerte, ambición, tensión? Ordena las claves del éxito.

Primero el tesón, y luego un puntito de ambición. La suerte es el resultado de la constancia y de estar en el momento justo en el lugar oportuno.

Tu carrera cambió cuando viniste a Madrid, pero ese viaje no se produjo por trabajo, sino siguiendo a tu amor.

Así fue. Me movió el corazón, no un guión. Entonces, allí en Andalucía, me dedicaba al teatro y al doblaje, pero Madrid siempre estaba presente. Mi relación cumplía ocho años en Sevilla, y me parecía justo seguir a mi pareja cuando se presentó la ocasión.

“El miedo a morir, ¡nos impide hacer tantas cosas!”. Es una frase de tu última película...

“Morir es hereditario”, le responden. La película habla de la muerte pero es un canto a la vida. No hay que tener miedo. Si has vivido conociendo pequeños y grandes placeres como el amor, la amistad, el sexo, puedes morir tranquilo.



Textos: Sol Alonso entrevista a Ana Fernández
Foto: Teresa Peyrí