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Lydia Bosch posando
 

Lydia Bosch



Para mí, lo normal es ser católica


“No quiero que nadie me haga sentir rara por confesar que soy creyente”


A pesar del tiempo que ha pasado desde que Lydia Bosch se coló en nuestras casas como azafata del concurso Un, dos, tres, sigue resultando tan simpática y natural como entonces. A sus 41 años, casada con el arquitecto Alberto Martín, el hombre de su vida (como ella misma dice), y madre de tres niños, Andrea y los mellizos Juan y Ana, reconoce estar en lo mejor de la vida. Motivos no le faltan.

Cinco años de retiro voluntario. ¿Echabas de menos la interpretación?

La verdad es que no, porque ha sido un paréntesis querido y buscado. Nosotros queríamos aumentar la familia y ha sido un periodo de tiempo muy feliz. Y cuando alguien es feliz no echa de menos nada. He llevado muy bien dedicarme a los míos porque, con tantos que somos en casa, no tienes tiempo de aburrirte. Los años han pasado muy rápido.

¿Y qué tiene tu nueva serie, Motivos personales, para sacarte de esas vacaciones?


Cuando me ofrecieron este proyecto, me pareció tan especial que no podía rechazarlo. Entonces, lo consensuamos en casa, recibí apoyo de todos y regresé. Se trata de una historia muy sólida. Además, me gustó tanto mi personaje, que me olvidé de mí misma. Después de leer el primer guión, tenía que seguir leyendo más. Hemos apostado el cien por cien por la serie y espero que al público le guste.

Dices que has consensuado con tu familia retomar tu carrera. ¿Tanto te importa la opinión de los tuyos?


Para mí, la familia es lo primero, sobre todo cuando ya has pasado por ciertas experiencias. Vas madurando y eso te hace valorar más lo que tienes, te hace ordenar la vida, establecer prioridades. A mis 41 años, tengo claro lo que vale la pena. Me encanta mi profesión; tengo la suerte de trabajar en lo que me gusta y, además, me pagan por ello, aunque a veces sea duro. Sin embargo, en mi caso, encontrar al hombre de mi vida, crear una familia, tener a mis padres es básico. Porque eso es lo que voy a tener siempre. Y por eso lo cuido por encima de todo.

¿Es fácil compaginar esa vida con una profesión aparentemente tan ajetreada?


Poniendo esfuerzo y quitándote horas de sueño, sí se puede compaginar. Ahora bien, tienes que tener el apoyo de los tuyos. Porque una casa es como una empresa: debe seguir funcionando pase lo que pase. Cuando no tienes responsabilidades, da exactamente igual la hora a la que comas, o la hora a la que vuelvas. Pero con la llegada de los niños, la cosa cambia: ellos no pueden acusar ningún cambio en su vida cotidiana.



Textos: Rosa Alvares entrevista a Lydia Bosch
Foto: Teresa Peyrí (Telecinco)