Compartir: Menéame Yahoo Del.icio.us Digg Technorati Fresqui

La actriz, muy elegante con una camisa con ojales fluorescentes de Pedro del Hierro. El sombrero, de rafia, es de Anna Cortina.
 

La personalidad de Silvia Marsó



Voy por la vida con honestidad


Cómo es y cómo piensa


Trabajas desde los 14 años, ¿no has pensado en tomarte un año sabático?

Pues la verdad es que a veces lo pienso. Ten en cuenta que yo tuve que ayudar a mi madre desde que era muy joven porque hacía falta dinero en casa. Y siempre lo he obtenido de mi trabajo como actriz. El único parón profesional que he tenido ha sido el año después del nacimiento de mi hijo. Quise estar con él y de paso aproveché para ponerme un aparato corrector en los dientes.

¿De qué personas escuchas consejos?

De Emilio, mi compañero, y de mi madre, dos personas en las que confío. Él siempre me dice que me fío demasiado de la gente y que eso no es bueno porque vas acumulando desengaños, pero no puedo evitarlo, está en mi naturaleza. Creo que mientras confías eres más feliz, aunque al final te arrepientas y reniegues de ello.

¿Perdonas a un amigo que te ha fallado?

No soy rencorosa, olvido fácilmente los males que me hacen, pero si me fallan opto por quitarme de en medio, apartarme de la vida de esa persona. A mí no me gusta nada enfrentarme, prefiero desaparecer. Y lo que nunca hago es ponerme luego a criticar a esa persona a sus espaldas. Simplemente, paso página.

¿Necesitas equivocarte para comprobar lo que ya te advirtieron?

Es necesario, sobre todo, cuando eres muy joven. Y eso me sirve como enseñanza para encarar la maternidad. Creo que hay que dejar que los hijos se equivoquen, tropiecen y se caigan sin sobreprotegerlos. Yo procuro permitirle eso a mi hijo, aunque estoy al quite para que, si se cae, no se haga demasiado daño. Es cierto que ha sufrido caídas, pero ha aprendido y tiene un equilibrio y una coordinación de movimientos increíbles.

¿De qué situaciones de la vida has extraído más enseñanzas?

De la enfermedad de un ser querido y de la propia. De ahí uno aprende a valorar la salud porque no hay nada en la vida capaz de suplirla. También nos damos cuenta de que debemos respetar la naturaleza y no agredirnos con drogas, alcohol, tabaco ni porquerías.

¿Te sientes ahora en paz contigo misma y con los demás?

Sí, lo estoy. Voy por la vida con honestidad, eso para mí es sagrado. No me gustan los enfrentamientos ni la venganza. Prefiero ir con la verdad por delante. Además, estoy satisfecha de haber hecho mi carrera a pasitos cortos, sin grandes picos arriba o abajo, de forma artesanal.



Textos: Victoria Galindo entrevista a Silvia Marsó
Foto: Teresa Peyrí