No es lo más frecuente, pero puede suceder que un golpe o un corte afecte a un gran vaso y se presente una fuerte hemorragia. Si el ritmo de pérdida de sangre es importante, tendrás que actuar para detenerlo (en estas circunstancias, hasta los padres que se marean cuando ven sangre pueden prestar ayuda a su hijo, ya que el nivel de adrenalina se eleva tanto que estimula al organismo para responder convenientemente).
El peligro de una hemorragia en niños es que en poco tiempo el volumen sanguíneo perdido puede ser muy importante y hacer que se desmayen.
Si el niño pierde el conocimiento, hay que comprobar que respira y tumbarle de lado, posición de seguridad, para evitar que aspire un posible vómito. Si no respira, antes de nada hay que iniciar la reanimación cardiopulmonar.
Cuando la respiración esté presente, hay que detener la hemorragia comprimiendo la zona sangrante con gasas, pañuelos, apósitos o, si no hay nada, con la propia mano (compresión directa) durante un mínimo de 10 minutos y, si es posible, mantener la zona herida por encima del nivel del corazón hasta que llegue la ayuda médica. En las heridas muy abiertas se debe apretar alrededor de los bordes para que éstos se acerquen.
Nunca hay que quitar los apósitos para ver cómo va el sangrado; si se empapan, hay que poner otro apósito encima y sujetarlos con una gasa apretada.
Si no funciona, hay que hacer una compresión arterial (sólo se emplea cuando afecta a las extremidades). Para ello se busca la arteria principal del brazo (debajo del músculo bíceps y casi pegada al hueso) o la arteria de la pierna (sobre la ingle o en la parte interna del muslo) y se aprieta hasta que llegue ayuda médica.
Siempre tarda mucho en dejar de sangrar
Existe una enfermedad genética llamada hemofilia relacionada con la incapacidad o dificultad de la sangre para coagularse. Los afectados no sangran con más rapidez, pero sí más tiempo del habitual.
Se estima en 10 o 15 minutos el tiempo que emplea un organismo sano en formar un tapón y coagular una herida, pero ellos tardan mucho más, de modo que incluso las heridas pequeñas ocasionan pérdidas sanguíneas importantes.
En la sangre existen 13 factores de coagulación, unas proteínas encargadas de formar los “tapones”. Estos factores actúan en cascada: uno activa a otro, éste al siguiente y así hasta el final. Si uno de ellos no funciona, la misión no pasa al siguiente y no se produce la coagulación o se logra tras mucho tiempo.
Este problema afecta sólo a los varones, las mujeres pueden ser portadoras, pero no lo sufren. Ante la sospecha de esta enfermedad, se estudiarán mediante análisis de sangre los factores afectados y el especialista indicará el tratamiento.
De momento no hay curación para esta enfermedad, aunque sí es posible corregir la tendencia a sufrir hemorragias.
¿Se marea ante la sangre?
Esta reacción es bastante frecuente en niños y en adultos. Se trata de un mareo súbito y transitorio. Es de carácter benigno y no está relacionado con ningún problema cardiaco. Se conoce como síncope vasovagal y las causas exactas no son bien conocidas.
Posibles causas:
Fobia a la sangre. Puede tener su origen en las reacciones desmesuradas de los adultos ante una herida sangrante. El niño percibe la presencia de sangre como algo muy grave.
Niños hospitalizados y sometidos a manipulaciones dolorosas y análisis pueden haber asociado heridas y sangre con un gran malestar.
Entre los 3 y los 5 años el niño piensa que al sangrar su cuerpo se va a descomponer, no sabe que la sangre se renueva y piensa que aún teniendo una herida de poca importancia se va a desangrar. Este miedo permanece, aunque de modo inconsciente.
Síntomas previos al mareo:
Náuseas, sudoración, palpitaciones, malestar de estómago, vista nublada.
Qué hacer:
- Tumbar al afectado en el suelo (el golpe en un desvanecimiento puede ser más importante que la herida que ha provocado el sangrado).
- Darle aire. abanicándole, refrescarle con agua.
- Desabrocharle cinturones o gomas que le opriman.
- No darle de beber hasta que remitan las náuseas.
- Evitar gente a su alrededor.
- La recuperación es espontánea y no deja secuelas.