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Un padre sentado con su hijo
 

De oír a escuchar atentamente


Una mente maravillosa


Para los recién nacidos, el mundo al que acaban de llegar es extremadamente ruidoso


En condiciones normales, la capacidad de oír está plenamente desarrollada desde el mismo día del nacimiento. Para los recién nacidos, el mundo al que acaban de llegar es extremadamente ruidoso. Por suerte para ellos, pronto desarrollan una especie de filtro que les permite diferenciar lo que escuchan de lo que oyen.

Una de las principales proezas que ayudan al niño a desarrollar su capacidad para escuchar es girar la cabeza para tratar de encontrar el origen de un sonido. Esto suele ocurrir entre los dos y los cuatro meses de vida y en ello interviene un área del cerebro llamada culliculus superior. Pues bien, esta zona se activa cuando oye algo para discriminar si el sonido le llega por el lado izquierdo del cuerpo o por el derecho; al mismo tiempo los ojos del niño buscan en su campo de visión lo que ha podido producir el sonido, y ayudado por su capacidad para reconocer la profundidad de campo, sabe si tiene que buscarlo cerca o lejos de él.

¿Cómo puedes ayudarle?

Ponle patucos con cascabeles.
Al tiempo que halla el origen del sonido, se verá los pies.

Agita ante él un sonajero.
Y déjalo caer al suelo, para que escuche cómo suena.

Escóndete y llámale. Cuando gire la cabeza hacia donde tú estás, sal de tu escondite para reafirmarle que ha dirigido su vista al lugar adecuado.



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