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Niño comiendo
 

¡Ay va...! ¿y la merienda?


Es una comida esencial, pero a veces se nos olvida


Si entre la comida y la cena transcurren ocho horas, a las cuatro horas entre ambas es el momento adecuado para merendar.


Los expertos en nutrición siempre nos recuerdan la importancia de adquirir unos hábitos adecuados a la hora de comer que garanticen una correcta alimentación en la infancia. Una de las claves es repartir los nutrientes y las calorías en las cinco comidas que deben hacerse en el día: desayuno, media mañana, mediodía, merienda y cena. De ellas, la merienda, aunque no sea una de las tres principales, es fundamental para el crecimiento y el buen funcionamiento físico e intelectual de los pequeños.

Esencial para recuperar energías

En España, los escolares suelen merendar bocadillo (65%), bollería (20%), pan con chocolate (20%) y yogur y fruta (20%), según un estudio de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria y la empresa Sodexho. Pero hay que recordar que la merienda debe complementar los alimentos que no se van a incluir en las restantes comidas, considerando que la leche o los derivados lácteos y las frutas deben tomarse varias veces al día. Además, esta comida permite dar a los niños alimentos que les gustan y les aportan energía, completando las calorías diarias requeridas, que oscilan entre 190 y 300, según el sexo, la edad y el peso.

El 15% del total de la comida que el niño toma a lo largo del día debe ser cubierto por la merienda, mientras que el desayuno cubre otro 15%, el tentempié de media mañana un 10%, la comida un 40% y la cena, el 20% restante.

Cuando tu hijo sale de la guardería o del colegio, lo primero que debe hacer es merendar, ya que el organismo de los niños no está preparado para aguantar sin comer intervalos de tiempo muy largos, como el que transcurre entre la comida del mediodía y la cena. Y más si tenemos en cuenta que en los centros escolares la comida se toma generalmente muy pronto. Así, si entre la comida y la cena transcurren ocho horas, a las cuatro horas entre ambas es el momento adecuado para merendar.

Al hacer esta pausa (es importante que merienden sentados, para que coman tranquilos y evitar atragantamientos) los niños se sienten más relajados, recuperan las energías que necesitan para el resto de la jornada y mejoran su humor. Además, así se evita que lleguen a la cena con demasiada hambre, lo que puede provocar que no mastiquen bien o que cenen más de lo conveniente. O, al contrario, que cenen menos de lo necesario, por llegar a la cena agotados.



Textos: Irene LorenteAsesora: Rosario Hellín, nutrióloga