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Chica sentada en el sofa y chico levantando el sofá con ella encima para pasar el aspirador
 

Cada cual con sus manías



Manual de supervivencia


El catálogo de manías es infinito y algunas, además de dar al traste con la imagen glamourosa que se tenía de la pareja


Hay personas que revisan si han echado el cerrojo una docena de veces, otras que hacen ruiditos al comer o que nunca cierran el el frasco del champú... El catálogo de manías es infinito y algunas, además de dar al traste con la imagen glamourosa que se tenía de la pareja, pueden llegar a obsesionar. ¿Cómo reaccionar ante ellas? La psicóloga Lìdia Julià cree que más que ignorarlas hay que intentar comprenderlas: “Nos desagradan sobre todo porque no comprendemos esa manera de actuar o por qué se da tanta importancia a algo que para nosotros no la tiene. Pero hay que entender que en mayor o menor medida forman parte de la personalidad”.

Otra cuestión diferente es que uno de los dos tenga “hábitos inadecuados que afectan a los espacios compartidos. A veces estas manías son malas costumbres que sería apropiado modificar, ya que con el tiempo se instauran como hábitos de comportamiento y pueden derivar en conflictos y discusiones”, añade Julià.

LA CONVIVENCIA

Rutina, infidelidad, celos, fin de la pasión... Muchas pueden ser las causas de que se rompa el amor y entre las más importantes está la pérdida de ilusión. “Hay relaciones que, aun sin ser muy largas, se caracterizan por discusiones frecuentes que no se resuelven satisfactoriamente. Y, paradójicamente, son estas fricciones las que se convierten en el tema de conversación principal. Todo se convierte en una carga y cada vez hay menos posibilidad de solución. Anímicamente nos hunde y aleja de las expectativas que teníamos de la convivencia”, dice la psicóloga Lìdia Julià.

Discutir, enfrentar distintos puntos de vista no es malo, siempre que la discusión se salde en positivo y se llegue a acuerdos. A veces es precisamente el tiempo el que da la solución.


Textos: Loli Sarto (asesorada por Lìdia Julià, psicóloga de ISEP Clínic Girona, y Sònia Cervantes, psicóloga del Institut Psicològic Antoni Bolinches)
Foto: Jordán Bastoni