Compartir: Menéame Yahoo Del.icio.us Digg Technorati Fresqui

Mujer con un jersey de cuello alto tapándole la cara
 

¿Tímida a los treinta y tantos?



Bienvenida al mundo de los tímidos.


Sal del cascarón


Pero cualesquiera que sean las razones que lo hayan facilitado, lo cierto es los tímidos aprenden en un momento dado de su vida que una situación social es un evento peligroso o negativo y las respuestas corporales no se hacen esperar. Rubor, sudoración, ritmo cardíaco desatado, tensión muscular, mayor dilatación pupilar, trabazón lingüística...

A esto hay que añadir lo que los expertos llaman el estilo cognitivo, que no es otra cosa que la forma que cada uno tiene de pensar. “El tímido tiene un estilo de pensamiento distorsionado y negativo sobre sí mismo: tiene baja autoestima y está excesivamente preocupado por cómo le van a evaluar."

"Por eso tiene miedo al ridículo, a no gustar, al rechazo, a no hacer lo que se espera de él, a expresar sus emociones... Y eso le provoca ansiedad, vergüenza, preocupación, indecisión, culpa, tristeza, irritabilidad. Si a todo ello unimos las sensaciones corporales de incomodidad, tendremos una aproximación de lo que le pasa al tímido”, dice Monjas Casares.

Pero no hay que resignarse. La destreza social se aprende. Sólo hace falta afrontar los miedos y perseverar. Inés Monjas Casares, nos recomienda lo siguiente para conseguirlo:

Obsérvate. Cuándo, con qué personas, en qué situaciones, se dispara tu timidez; qué haces, piensas, dices y sientes. Analiza los pensamientos negativos. Cuestiónate si son reales y trata de sustituirlos por otros más positivos y racionales.

Comprométete a cambiar. Ponte metas asequibles (hablar, saludar, sonreír...), prevé los fracasos, entrénate hasta soltarte y ten paciencia.

Adelántate a los hechos. Imagina posibles situaciones que te vayan a hacer sentir mal y piensa en soluciones.

Exponte a eventos sociales y fíjate en los aspectos positivos que consigas cada vez.

Sé optimista. Procura tener actitudes y expectativas positivas y afrontar el cambio con ilusión. Olvida el qué dirán. No tienes por qué gustar a todos.

Quiérete y déjate querer. Piensa en tus cualidades en lugar de en tus supuestas ‘carencias’. Deja de compararte con otros.

Sé asertiva. Aprende a defender tus necesidades, deseos y derechos sin agresividad ni sumisión. Fomentarás el respeto ajeno y el propio.

Asume tu respuesta visceral (sudoración, taquicardia, rubor...) y sigue adelante. Te sonrojas: ¿Y qué?: no se acaba el mundo. Además, puedes neutralizar estas respuestas con técnicas de relajación o evocando escenas positivas. También es bueno compartir y relativizar tus miedos. Ríete de tus fallos, échate un cable (“Soy algo cortada para estas cosas...”).

Céntrate en lo bueno. Y es que, ser algo tímido tiene su encanto: suelen ser muy sensibles al estado anímico de los demás, saben escuchar y ejercen la fascinación de quienes viven volcados en su mundo interior.



Textos: Ana García Piñán, psicóloga y Ángeles López (testimonios)
Foto: Ana García Piñán, psicóloga y Ángeles López (testimonios)