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Ilustración de dos amigas hablando
 

Contagia tu alegría



Neville Johnston, autor de El código de la felicidad


Es curioso comprobar cómo el lenguaje ha sido diseñado para definir cosas de acuerdo con lo que escasea, no con lo que abunda


Necesito, me falta, tengo que... Es curioso comprobar cómo el lenguaje ha sido diseñado para definir cosas de acuerdo con lo que escasea, no con lo que abunda. Así, la sociedad está fundada en la falta de dinero, de tiempo o de amor. Solemos hablar en estos términos, de modo que, día a día, las carencias se convierten en el motor de nuestra vida.

Pero no todo está perdido: si modificamos nuestro discurso, nuestra vida cambiará con él.

Ésta es la teoría que mantiene Neville Johnston en su libro El código de la felicidad, en el que nos enseña a reconocer y sustituir los términos que nos debilitan por otros que convierten la expresión oral en una fuente de energía positiva.

¿Quieres ejemplos concretos del poder de las palabras? El verbo esperar es uno de ellos. Decir que esperas algo tiene un matiz negativo, pues implica no comenzar a actuar hasta que suceda algo, significa dejar en manos ajenas la consecución de tus deseos. Di lo que quieres o utiliza “me gustaría”, cambiando así la impaciencia por la ilusión.

Otra muestra: sustituye “trabajar” por “crear o realizar” y conseguirás que las cosas se vuelvan más apetecibles.



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