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Ilustración de dos amigas hablando
 

El diccionario de la energía positiva



Contagia tu alegría


Cuando dices que vas a intentar hacer una cosa, presupones que no serás capaz de lograrla o que te costará muchísimo esfuerzo.


Podría. Cada vez que dices que deberías haber hecho algo, admites que has cometido un error, ya que tienes algo pendiente. Esta palabra limita tu capacidad de acción. Reemplázala por podría y la vida pasará a ser más voluntaria que obligatoria.

Poner en marcha. Cuando dices que vas a intentar hacer una cosa, presupones que no serás capaz de lograrla o que te costará muchísimo esfuerzo. Podríamos decir que quien empieza a hacer algo tiene la mitad del camino recorrido para llegar a su meta; así que mejor di que estás en ello o poniéndolo en marcha.

Elegir, querer, desear. Reconocer que necesitas algo es admitir que su ausencia te da miedo, que lo valoras no por lo que es en sí mismo, sino por la dependencia que tienes de ello. Cambia este verbo por elegir, querer o desear, pues no implican carencias.

Me sirve, no me sirve. Decir que esto o aquello está bien o mal es someterlo a juicio y dictar sentencia. Dado que el bien y el mal son valores subjetivos y, a la vez, impuestos por cada sociedad, utilizar estos términos denota estrechez de miras y no ser capaz de ver más allá. Sustitúyelos por “me sirve” o “no me sirve”. Su validez es más objetiva y determinante.

Sentir, saber. Cuando empiezas una frase diciendo “creo que…” es como si lo hicieras diciendo “no sé…”, con lo que te resta iniciativa y seguridad en ti misma. Utiliza expresiones más cercanas, como “siento” o más seguras, como “sé”. Otra opción es empezar a hablar directamente por lo que quieres decir.

Responsabilidad. La culpa es algo inherente al pasado. Por supuesto que siempre hay algo que podríamos haber hecho mejor, pero admitir que la culpa es tuya es autodestructivo y te incapacita para obrar libremente en el futuro. Cámbiala por responsabilidad. Piensa que siempre haces lo que crees adecuado en cada momento. La responsabilidad te ayuda a aprender del pasado, mientras que culparte es mirarlo desde la injusta perspectiva del presente.

Nosotros. A veces las palabras, lejos de servir de nexo, contribuyen a separarnos. Para evitarlo, huye del “ellos” y acércate al “nosotros”.

La respiración también ayuda

No sólo de palabras se nutre la felicidad. Respirar, por ejemplo, también puede llenarte de satisfacción, o ¿acaso no te sienta bien bostezar cuando te desperezas? Algo parecido a esta profunda inhalación, es lo que el autor llama la respiración de la satisfacción. Si quieres ponerla en práctica, inspira por la nariz hasta llenar los pulmones, retén el aire unos segundos y suéltalo por la boca con un “ahhh”. Practícala mientras visualizas algo que deseas y disfruta de esta sensación tan positiva y reconfortante.



Textos: Fernando J. Fernández
Foto: Fernando J. Fernández