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Marta, 31 años, y Agustín, 40: “Parece que estamos todos los días de vacaciones”
 

De la ciudad al campo



Tres familias nos cuentan por qué lo hicieron


Yo cambié la ciudad por el campo


Los altos precios de los pisos en las ciudades, el estresante ritmo de vida o criar a los hijos en un medio más salubre son las tres principales razones que esgrimen quienes un buen día deciden abandonar la ciudad y asentarse en un pueblo o en una urbanización en medio del campo.

Sin ir más lejos, el 73% de las lectoras de Nova se apuntaría a poner kilómetros por medio y emigrar al campo. La tendencia no tiene edad; se apuntan desde jubilados, que repiten el proceso contrario migratorio de la capital al pueblo, matrimonios con hijos emancipados, que buscan la tranquilidad y poder hacer realidad a tiempo completo sus aficiones, o parejas jóvenes, los llamados neorrurales o neoecologistas, que quieren reconciliarse con la naturaleza y dar una educación menos urbana a sus futuros retoños.

TELETRABAJO E INTERNET

¿Se puede vivir del campo? Ésta es la eterna pregunta de los que le quitan bucolismo al asunto y se plantean esta opción de manera realista. “El teletrabajo, aunque no está tan implantado como en Suecia y Países Bajos, e internet abre la posibilidad de trabajar desde casa”, dice Alfredo Marín, traductor. Él reside desde hace seis años en una aldea de León.

Otros se plantean vivir del campo montando una casa rural o viviendo de la tierra. Es el caso de Martín Harris, un ex maestro que emigró con su mujer a la isla de Hierro, Canarias, para poner un negocio de productos ecológicos. “Esto último exige mucho realismo. Se necesita un proyecto viable que tenga en cuenta no sólo la actividad productiva, sino otros aspectos como la calidad del producto, un plan de ventas, informarte bien de las subvenciones... Éstos son aspectos materiales de la aventura, luego está la adaptación psicológica al nuevo medio”. En la última opción, se encuentran los que van y vienen del campo a sus trabajos en la ciudad. Tres familias nos cuentan cómo fue su cambio de vida.



Textos: Ana S. Juárez
Foto: Ana S. Juárez