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Laura dice: He llegado a hacer el amor en el probador de una tienda de ropa
 

El morbo de lo prohibido



¿Por qué nos gusta saltarnos las normas?


Marta, 34 años: “He metido a mi perra hasta en la catedral de Burgos”


No soporta que le impidan la entrada en ciertos sitios con su perrita. “Va atada, es pequeña y no ladra, ¿cuál es el problema...? Noah viene conmigo a todas partes”.

Por ella eres capaz de...
Todo. Una vez entré con ella en la Catedral de Burgos y el párroco me echó una charla tremenda. Me ocurrió algo similar en un parador. Era verano, íbamos a tomar algo en la terraza, ¡en un espacio abierto! Mi plan se fastidió cuando fui al baño porque Noah salió disparada detrás de mí ante la sorpresa del camarero.

¿No te pone nerviosa que te pillen?En absoluto; estoy en mi derecho. Siempre que no moleste ni cause desperfectos... Si tuviera un perro grande y peligroso, no lo haría, pero no es el caso.

¿Te has arrepentido alguna vez?
No. ¡Pobre animalito, con lo bueno que es! Me sientan fatal los prejuicios de la gente. ¡Qué falta de sensibilidad!

¿Sueles infringir las normas?
Soy civilizada, pero odio los prohibidos. Prohibido el paso, prohibido fumar,... ¿Esto qué es? Vivimos en un país libre, ¿no? Pues vive y deja vivir. Este es mi lema.

Laura, 30 años: “He llegado a hacer el amor en el probador de una tienda de ropa”

Dice que puede ser muy cortada para ciertas cosas: “Me da vergüenza que me pillen llevándome el cenicero de un bar o colándome en el metro”. Eso sí, “a nivel sexual no aplico ese principio de rectitud”.

¿A qué te refieres?
Yo puedo hablar de sexo sin pudor y practicarlo en cualquier parte. He llegado a hacer el amor con mi chico en el probador de una tienda, en baños públicos y en un parking. Supongo que el morbo de lo prohibido hace que me parezca más atractivo.

¿Alguna vez te han pillado?
No de pleno, pero sí hemos sentido que había gente esperando al otro lado de la puerta, e incluso nos han dado un toque. Eso lo hace más emocionante. Y cuando salimos... pues nada, tan contentos. Piénsalo, en realidad ¿qué mal hemos hecho? Ninguno.

Y... ¿dónde está el límite?
Creo que en ciertas ocasiones, si hay personas mayores o niños, está fuera de lugar. Pero, a estas alturas, un beso prolongado o un abrazo especial no debería verse como un escándalo.



Textos: Victoria Villaamil (Asesorada por Paloma Gascón, psicóloga experta en adicciones)
Foto: Victoria Villaamil (Asesorada por Paloma Gascón, psicóloga experta en adicciones)