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Muñeca Bratz
 

Madres e hijas



¿tanto hemos cambiado?


Nunca pensamos que sería tan difícil vivir una segunda edad del pavo, la de nuestras hijas


De la Nancy a la Bratz, del tocadiscos al walkman... Nunca pensamos que sería tan difícil vivir una segunda edad del pavo, la de nuestras hijas. ¿Tan diferente es que te salgan los granos jugando al parchís o a la game-boy?

La pubertad es un trance por el que ya hemos pasado y, por eso, temblamos cuando comienzan los cambios fisiológicos en nuestras hijas. “Les cambia el cuerpo, la revolución hormonal hace que estén cansadas, baja su rendimiento, supone una ruptura en la relación con los padres, los amigos adquieren más importancia que los progenitores, pero éstos quieren seguir marcando las normas y los chicos se rebelan”, dice la psicóloga Mara Cuadrado. Es una etapa difícil que, además, se ha adelantado a los 11-12 años y, a veces, se alarga hasta alcanzar la independencia total. Y todo esto en un nuevo contexto social.

Ha llovido mucho desde que en 1974 las madres de hoy eran adolescentes. Hemos saltado de una sociedad puritana a otra de libertad sexual en la que las parejas de hecho, las relaciones homosexuales y las madres solteras ya no sienten que arderán en el infierno. La igualdad entre sexos es palpable y la dictadura, un mal recuerdo. Ni siquiera usamos la misma moneda. “Drogas, alcohol, culto al cuerpo... se ha adelantado la edad de inicio en los rituales prohibidos, ha surgido una sociedad intercultural y todo lo nuevo asusta a los padres porque no lo pueden controlar, no es su terreno. Hay que añadir que vivimos en una sociedad de bienestar que hace que los jóvenes crezcan teniendo de todo, sólo saben exigir”, añade la experta.



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