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Supermercado
La mano que empuja tu carrito
Así nos engatusan
En un centro comercial todo está programado para potenciar nuestro espíritu consumista. Mira cómo lo hacen: - Resulta cómodo llegar. Los ubican en los extrarradios, con aparcamiento gratuito y gasolinera cercana en la que se hacen descuentos en caso de que compremos más de cierta cantidad.
- Sin apabullar, por favor. Entre la puerta de la calle y los primeros estantes con productos hay unos tres metros vacíos; es el espacio que necesitamos los clientes para habituarnos al local.
- Todo a mano. El ancho de los pasillos es para dos carros, lo justo para permitir la circulación en ambos sentidos y para tener al alcance las dos estanterías.
- Parece una buena oferta... Los letreros se colocan en lo alto de las escaleras mecánicas, donde el cliente lo único que puede hacer es leer el siempre engatusador mensaje.
- Juego de luces. Las ventanas escasean para que no seamos conscientes de que el tiempo pasa y va siendo hora de irse. Eso sí, se usa una iluminación brillante para la fruta y la verdura, tenue en las carnes, y rojiza en la sección de bebidas alcohólicas...
- Ahora que lo veo... En las estanterías hay tres niveles: suelo, manos y ojos. En estos dos últimos las ventas son superiores porque lo que se ve y se toca, se compra. Por eso colocan ahí los productos menos básicos.
- ¿Dónde está el pan? Los artículos de primera necesidad se distribuyen por todo el local para obligarnos a recorrerlo entero y, de paso, ir llenando el carro.
- ¡Mira qué mono! No has entrado a comprar ropa, pero ya que la encuentras, ¿por qué no mirarla? Y lo mismo ocurre con otros productos de compra impulsiva, por eso los colocan en las zonas de paso obligado como la entrada, el pasillo central y la línea de cajas, donde, por ejemplo, siempre hay caramelos para endulzar la espera antes de pagar.
Textos: Lula Gómez
Foto: Lula Gómez
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