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Maluma con su familia española: en el centro, Marisa con su pareja, Alfonso, y sus dos hijas, Elena acompañada de su novio, y Almudena.
 

Marisa, 48 años



Vida Solidaria


“Es una lección de tolerancia muy enriquecedora”


Estoy separada, tengo dos hijas, y Alfonso, mi novio, otras dos. Cuando me planteé acoger a Maluma, una niña que tuvo acogida mi hermana, lo consulté con mis hijas. Éstas se ocupan de ella por las mañanas, se turnan para las comidas y se encargan de que nunca haya cerdo en el menú –Maluma es musulmana–, y sí fruta, pescado y verduras, impensables en el desierto. La complicidad con Elena y Almudena es evidente. Ellas incluso han ido a los campamentos a conocer a su familia.

Me impresionó porque nosotros pedimos que se adapten a nuestra vida aquí, y en el desierto ellos se preocuparon por servirnos en platos individuales y porque desayunásemos leche con galletas. El padre estaba intranquilo porque no encontró mantequilla, recuerda Elena. Marisa, que trata a Maluma como a una hija más, no lo duda. Acoger es toda una lección de tolerancia, te permite comprender otras culturas y descubres que se puede vivir con menos.


Textos: Ana S. Juárez
Foto: Daniel Sánchez