A veces él mismo dudaba de que estuviese interpretando un personaje en su vida real. Archibald Alexander Leach o Cary Grant, su nombre con mayúsculas en el mundo del cine, tenía 9 años cuando su padre –un adúltero recalcitrante– recluyó a su madre en un manicomio, pero le contó a su hijo que se había ido de viaje. Hasta que supo la verdad, Cary Grant odió a su madre por abandonarlo. Un sentimiento que tiñó de desconfianza todas sus relaciones con las mujeres.
Casado en cinco ocasiones y padre de una hija, mucho se ha hablado acerca de la supuesta homosexualidad del actor. Su amistad con el actor Randolph Scott, a quien conoció y con el que compartió piso al poco de llegar a Hollywood y el hecho de utilizar ropa interior femenina “casi sin encajes ni volantes, parecían bañadores de hombre” –según descripción de Maureen Donaldson, una de sus amantes–, fueron suficientes para alimentar un rumor que le acompañó toda su carrera.
A pesar de llevar muerto 18 años –se cumplen el próximo día 29–, editoriales y lectores, cadenas de televisión y espectadores se siguen interesando por el actor y el hombre, que nació, también en noviembre, hace cien años en Bristol (Inglaterra). El documento más reciente se acaba de publicar en Estados Unidos: Cary Grant. A biography, de Marc Eliot, y destapa su amistad con Edgar J. Hoover, jefe del FBI, y su matrimonio supuestamete interesado con la multimillonaria Bárbara Hutton –con marcadas simpatías hacia los nazis– para pasarle información al primero.
Contratado por la Paramount en 1931 (decidió adoptar el nombre artístico de Cary porque así se llamaba el personaje del musical con el que logró su primer éxito teatral y le añadió un apellido elegido al azar de una agenda de direcciones), era un absoluto desconocido hasta que la explosiva Mae West le eligió como su pareja en Lady Lou (1932). Durante las cuatro décadas que permaneció en activo, fue la estrella más emblemática de un Hollywood que continúa buscándole sustituto. “¿Quién es Cary Grant?”, le preguntó un periodista al actor, y él contestó: “Cuando lo descubra usted, cuéntemelo”.
Consciente del abismo que existía entre su imagen pública y su vida privada, con fama de tacaño, maniático –solía plancharse los cordones de los zapatos– y caprichoso –una cláusula en sus contratos le permitía elegir su vestuario–, tuvo problemas con el alcohol y siempre se culpó de su inestabilidad matrimonial: “En todas mis esposas busqué a mi madre y me encontré con sus defectos”, confesó. Incluso cuando Dyan Cannon , su tercera mujer y madre de su única hija, le acusó de ser un “apóstol del LSD” y de comportarse con ella de modo “cruel e inhumano”.
En 1942 se hizo ciudadano americano y adoptó legalmente su apelativo artístico, renunciando a su nombre. Se retiró en 1966 con Apartamento para tres. Dedicó sus últimos años a los negocios, fue directivo de la Metro Goldwyn Mayer y de la casa de perfumes Fabergé. Y aunque parezca increíble, nunca ganó un Oscar, pero la Academia enmendó su olvido y le honró con una estatuilla especial en 1970, “sólo por ser Cary Grant”. Poco antes de morir, el 29 de noviembre de 1986, dijo: “He pasado la mayor parte de mi vida oscilando entre Archi Leach y Cary Grant, inseguro de cada uno, dudando de los dos”.