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Yoneko ha tenido la oportunidad de entablar una relación muy estrecha con su padre de acogida, José Manuel, ya que es ingeniero y trabaja en casa.
 

Se sintió muy acompañado



El viaje hacia la vida de Yoneko


En 24 horas, había cambiado las lluvias tropicales de su Lomé natal por el seco invierno de una gran ciudad como Madrid


Tras la exitosa intervención, recibió muchas visitas. Aunque la más esperada era la de Olga, José Manuel y sus dos hijos Jaime, de 7 años, e Ignacio, de 3, su nueva familia en Madrid y la encargada de llenar de calor su postoperatorio. “Le asustaba que fuésemos todos blancos porque venía con la idea de una Europa racista, llena de millonarios y excluyente con la gente sin recursos. En el hospital estuvo muy acompañado, fueron hasta mis padres a visitarle”, explica esta madre de 38 años y secretaria ejecutiva de profesión. Ella tuvo que quedarse por las noches porque Yoneko estaba asustadísimo y tan nervioso que vomitaba todo el rato. El doctor Rayo, su médico, tuvo que suspender las pruebas previas a la operación hasta que se tranquilizó.

Y no era para menos. En 24 horas, había cambiado los manglares, los lagos, la sabana y las lluvias tropicales de su Lomé natal por el seco invierno de una gran ciudad como Madrid. Además, estaban los problemas de comunicación. Yoneko domina el francés, inglés y ewe (el dialecto de su tribu), pero no español. “Se sintió muy aliviado cuando comprobó que todos en casa hablamos inglés y que los niños, al menos lo comprenden”, cuenta Olga.

Con Yoneko, ella y su marido hicieron realidad una idea que llevaba años rondándoles la cabeza. “Siempre habíamos pensado hacer algo así. Un compañero de trabajo me contó la posibilidad de acoger a niños africanos que venían a España para ser operados. Yo di él primer paso, me puse en contacto con Tierra de Hombres. Me contaron el caso de Yoneko y decidimos ayudarle. Nos enviaron su foto, nos explicaron que su padre era profesor, que eran musulmanes y en qué consistiría su postoperatorio en casa. Mis hijos, al principio, se asustaron porque es muy alto y muy negro de piel. Tras la primera semana, Yoneko era uno más”.

La adaptación al modo de vida de esta familia de Villanueva de la Cañada fue sencillo. “Lo único que no hemos conseguido es que duerma dentro de la cama. Tiene la costumbre de acostarse vestido. Y, desde luego, lo que más le llamó la atención fue la ducha. El primer día se tiró horas y tuvimos que sacarle“.


Textos: Ana S. Juárez
Foto: Daniel Sánchez