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madre e hijo
 

El éxito escolar



Especial vuelta al cole: Enséñale a estudiar


No sólo depende del colegio...


Los niños son esponjas que van asimilando la información que reciben, lo que nos convierte a todos (padres, tíos, hermanos...) en maestros improvisados. Esto implica una responsabilidad involuntaria y a la vez ineludible por nuestra parte: la de enseñar a nuestros hijos a aprender. Si desde pequeños sienten ganas de asimilar cosas nuevas y útiles, su desarrollo intelectual va viento en popa. Lo más difícil es que este interés por aprender continúe cuando el saber se convierte en la responsabilidad de estudiar. Para muchos niños, asimilar los conocimientos que les enseñan en la escuela se convierte en una tarea pesada que les quita tiempo para jugar. Somos nosotros quienes debemos hacer que no vean el estudio como una obligación, sino como una responsabilidad.

LA CLAVE: MOTIVACIÓN

Para ello hay que implicarse en lo que nuestros hijos aprenden y mostrar interés por los temas que estudian, no sólo por los resultados. También es positivo recompensar los esfuerzos. Pero, a medida que pase el tiempo, conviene que el niño deje de asociar los buenos resultados con beneficios materiales. Encontrar la motivación para estudiar es un elemento clave para evitar el fracaso escolar. Sin embargo, el niño debe entender que la recompensa no es la meta, sino el estímulo. Fomentar el gusto por la lectura desde muy temprano favorece el aprendizaje futuro. Leer implica desarrollar la imaginación, informarse y estructurar el pensamiento a través de las palabras. De hecho, según la psicóloga María Luisa Ferrerós, a partir de los 2 años, el lenguaje se convierte en un espejo del desarrollo intelectual del niño.

Encontrar un buen método de estudio es imprescindible para sacar el mayor rendimiento posible al tiempo que los niños dedican a aprender. Existen técnicas específicas (por ejemplo, para memorizar el nombre de los ríos) y básicas, que son las de toda la vida: subrayar las ideas importantes, hacer esquemas… Conseguir retener la información y recuperarla cada vez que el niño necesite usarla es la parte más difícil. La verdadera comprensión y asimilación de lo que se pretende memorizar es la mejor técnica para conseguirlo, pese a la cantidad de trucos que existen para estudiar. La relajación ayuda a estudiar, si la entendemos como distensión física y mental y no como dejar la mente en blanco.

En ocasiones, nuestros hijos pueden tener la sensación de estar perdiendo el tiempo delante del libro de Historia. Son chicos a los que les resulta muy difícil concentrarse. Desde que se sientan hasta que empiezan a estudiar pasa más de media hora y dejan volar la imaginación.

UN HORARIO FIJO

Una manera de conseguir poner todos los sentidos en la tarea es empezar a estudiar a una hora fija. El hábito es un mecanismo para facilitar cualquier actividad física y mental. Sin embargo, el mejor método para sujetar una imaginación descontrolada no es ignorarla, sino utilizarla para el estudio. Por ejemplo, imaginarse cómo son los volcanes o reconstruir, como si fuera una película, el desarrollo de la revolución francesa. De hecho, esto contribuye a que se grabe mejor en la memoria.

Con respecto a la televisión, hay que decir que cansa la cabeza y daña la capacidad de concentración, de la misma manera que los videojuegos. Así que, es mejor que no la vean antes, sino después de estudiar. Sin embargo, leer (aunque sea un tebeo) antes de ponerse a estudiar, funciona como un precalentamiento para activar la mente. En cualquier caso, es evidente que el desarrollo intelectual de los niños ni empieza ni termina en el aula. Por eso, debemos tomarnos en serio nuestro papel de maestros de nuestros hijos.



Textos: Laura Gómez