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Carlos de Inglaterra y Camilla Parker Bowles
 

Eternas amantes...



Camilla Parker Bowles, María Callas, Katharine Kepburn...


Carlos y Camilla: Una historia de amor y tragedia


Érase una vez un joven heredero al trono inglés que para evadirse de la férrea disciplina, de vez en cuando, jugaba al polo. Fue allí, en el campo, entre la intermitente lluvia inglesa, donde el destino uniría a Carlos de Inglaterra con Camilla Shand. Algo de erótica sí que tiene la escena en la que ella, empapada, le dice a Carlos: “Mi bisabuela fue amante de su tatarabuelo, Eduardo VII, ¿no le parece excitante?”. Eran palabras de una mujer cuya experiencia vital daba mil vueltas a la del príncipe, prendado de esa mujer con cazadora Barbour que lo primero que hizo con 18 años al regresar de un internado suizo fue buscar a alguien con quien perder la virginidad. Decidida, carnal, inteligente y descarada. Así era la mujer que marcaría el corazón del futuro rey.

Los amantes se encontraban en la mansión que el tío preferido de Carlos tenía en Hampshire. Pero aquello no iba a terminar en boda. Isabel II quería a una virgen para su hijo. Y Camilla le amaba tanto que dejó que se casara con la apropiada.

Carlos se marchó a la Armada, no sin antes propiciar un encuentro entre su amor imposible y su ex novio, Andrew Parker Bowles. Pero nada ni nadie pudo frenar lo inevitable. Camilla, ya casada, y Carlos, a punto de hacerlo con una joven tímida llamada Lady Diana Spencer, volvían a acostarse. Desde entonces, nunca dejaron de hacerlo, incluso cuando la Casa Real británica tembló por una conversación telefónica en la que Carlos decía querer convertirse en el tampax de su amada y que salió a la luz pública.

Poco después, Carlos y Diana se separaban. La muerte de ella, idolatrada por los ingleses, convertía a Parker Bowles en la mala. Pero Carlos y Camilla, corredores de fondo, han sabido esperar a que cicatrizaran las heridas de un pueblo. Tras 35 años de amor furtivo, el 8 de abril el príncipe se convertirá en el primer heredero al trono en casarse con una divorciada desde la abdicación de Eduardo VIII.



Textos: Verónica Palomo