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Teresa Viejo en la Ruta del Quijote
 

Delicias gastronómicas



La Ruta del Quijote


La elección de Teresa Viejo: sorbete de queso manchego y chuletas de cordero a la brasa


DELICIAS GASTRONÓMICAS

A un paso de Illescas, está Carranque que con el descubrimiento de la villa romana de Materno se ha convertido en uno de los parques arqueológicos más importantes de Castilla-La Mancha. Con los fastuosos festines de las bodas de Camacho, que retrató Cervantes, en la memoria, llega la hora de la comida.

Por la zona, Teresa tiene claras sus opciones: El Bohío, en Illescas, y el Deleite, en Esquivias. Optamos por el segundo por su proximidad para enlazar con nuestra siguiente parada: Tembleque.

Teresa es una gran devota de los caldos de Castilla-La Mancha y el Deleite, con su espléndida bodega, le satisface plenamente. “Son una apuesta segura. Están el Marqués de Griñón, Viñas de Sandoval, Dehesa del Carrizal, Manuel Manzaneque, Quercus, o Arrayanes por nombrar algunos. Vaya a donde vaya, siempre los pido”. Su elección: sorbete de queso manchego y chuletas de cordero a la brasa, pero no dejaron de tentarle el exquisito rabo de toro y los duelos y quebrantos.

Recuperamos la ruta en Tembleque, cuya plaza porticada de madera policromada nunca vio Cervantes, ya que data del siglo XVIII. Sin embargo, en la obra la localidad se menciona en dos ocasiones, ya que era una villa principal en el medioevo, ligada a la Orden de San Juan, y en siglo XVI por estar próxima al Camino Real que iba a Madrid.

Tembleque
es un lugar ideal para un café en los aledaños de la hermosa casa Convento de las Torres, que conserva una elegante portada barroca. Perdices, codornices y conejos surcan esta zona de olivares.

El camino nos lleva hasta Madridejos y de allí a Consuegra, la localidad que más despierta la curiosidad de Teresa. Ver el atardecer desde el cerro Calderico con sus 11 molinos a hombros es ponerse en la piel de Alonso Quijano. Teresa pide información en el molino llamado Bolero, que es la oficina de turismo. En el Sancho, nos explican, que se realiza la molienda de La Paz y la fiesta del azafrán el último domingo de octubre. Todo aderezado con jornadas gastronómicas. “Esta fecha hay que apuntársela”, insiste la presentadora.

Concluimos el viaje en el castillo de la Muela, del siglo XII, cuyos recodos fascinan a Teresa, siempre ávida de saber más. Desde su torreón vemos cómo la llanura se rompe en los montes de Toledo y sigue camino a Puerto Lápice, en Ciudad Real, como lo hizo Don Quijote. Y tal vez como lo haremos nosotros, en un próximo viaje.



Textos: Ana S. Juárez
Foto: Óscar Rivilla y Ángel Bocalandro