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Oneyda, la voz de las trabajadoras textiles
 

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Oneyda, la voz de las trabajadoras textiles


Las ciudades como San Pedro de Sula han crecido sin control en los últimos años en Honduras


Las ciudades maquila, como San Pedro de Sula, han crecido sin control en los últimos años en Honduras. Por citar un ejemplo: en 1995, la población de Choloma era de 50.000 habitantes. En 2003, había crecido hasta los 176.000. La mayoría de los nuevos habitantes son mujeres empleadas en la fábrica que emigran a esta región procedentes de las zonas más pobres del país.

A pesar de su esfuerzo pueden verse, de la noche a la mañana, sin trabajo ya que las fábricas suelen cerrar de improviso y abrir con otro nombre o en otro lugar. “Así se ahorran las indemnizaciones. Por eso, es necesario que las autoridades nos presten atención para empezar a poner en práctica medidas sancionadoras que cambien esta situación tercermundista. Las empresas deben adoptar el código de conducta mediante una ley que les obligue. No podemos confiar en sus buenas intenciones”, dice con firmeza.

Oneyda añade su disposición a viajar a cualquier lugar del mundo para concienciar acerca de la vulneración de los derechos laborales de los trabajadores. “Estamos en pleno siglo XXI y nosotros seguimos en la Edad Media”.

Esta decisión oculta una vida llena de penalidades. Las desgracias de Oneyda siempre han estado presentes en su vida. A los 17 años, sufrió acoso sexual por parte de su supervisor y del jefe de personal. “Me trataban como a un juguete con el que divertirse. Yo no podía parar de llorar. Lo peor es que mi papá quería que me casara con uno de ellos. Pensaba que así viviría bien”, recuerda enfadada.


Textos: Susana Velasco
Foto: Gema Checa