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Oneyda, la voz de las trabajadoras textiles
 

Su propio sindicato



Oneyda, la voz de las trabajadoras textiles


En cuatro meses logró el apoyo de 42 trabajadores y aprobaron el sindicato


Al poco tiempo, decidió emigrar para salir de la penosa situación en la que se encontraba. “Viví en México un año, pero tenía un novio en Honduras, así que volví, me casé y tuve a mi niño. Entonces conseguí trabajo en otra maquila, también coreana. Y ésa era aún peor”. Oneyda se refiere a la falta de higiene y, sobre todo, a los maltratos, habituales en los talleres textiles de Honduras.A causa de este tipo de actos violentos, reaccionó y se armó de valor para crear un sindicato. “El jefe de personal golpeó a mi compañera, entonces me llené de coraje. Ningún varón se levantó a defenderla y yo me propuse hacer algo”.

En cuatro meses logró el apoyo de 42 trabajadores y aprobaron el sindicato. “Pero los jefes me echaron y me pusieron en la lista negra para que no me contratara otra maquila. Ésta es una práctica habitual de los explotadores. Los trabajadores no estamos unificados, pero ellos sí tienen sus redes de apoyo”. La vida de Oneyda resulta trepidante. Los problemas, en vez de desanimarla, la impulsan a seguir luchando. “Ahora en mi sindicato somos 60. Parece poco, sin embargo, es un logro impresionante. Sólo pienso en la situación de los compañeros. No pararé hasta que el Gobierno nos escuche y adopte medidas dignas para nosotros”.


Textos: Susana Velasco
Foto: Gema Checa