Cada día más esperanzas
Las expectativas de curación mejoran cada año: la mortalidad por cáncer de mama desciende un 3,5% anualmente en todo el mundo y si el tumor se diagnostica antes de que se haga invasivo, las posibilidades de curación pueden ser del 85%. Además, las terapias resultan cada vez menos agresivas para el cuerpo y empieza a haber tratamientos preventivos. "Debemos desdramatizar el cáncer de mama. Cada vez hay más cirugía conservadora y no hay tantas mastectomías (extirpación total o parcial del pecho).
Los miedos son lógicos y varían en función de cada mujer, pero, en líneas generales, están relacionados con la alteración de la vida cotidiana. Sin embargo, llegado el momento, ellas mismas se dan cuenta de que los temores iniciales eran mayores a la realidad que luego se encuentran”, explica Ana Álvarez, psicooncóloga de la Asociación Española Contra el Cáncer.
Según esta asociación, más del 30% de las mujeres que lo padecen sufren problemas psicológicos. El hecho de que haya enfermado una zona de nuestro cuerpo tan vinculada a la feminidad, a la sexualidad y a la maternidad afecta de un modo particular a nuestra psique. ¿A qué esperas para pedir ayuda?
“Me ayudó mucho la meditación”
“El manejo del impacto de la noticia y los tratamientos son básicamente iguales que en otro tipo de cánceres, pero en el caso del de mama se añade la evaluación y tratamiento de la imagen corporal y la autoestima, que suelen quedar dañadas”, añade Ana Álvarez.
La orientación psicológica es importante en todo el proceso. El experto debe intervenir y colaborar con el equipo médico desde el momento del diagnóstico; y no necesariamente haciendo terapia, pero sí evaluando los pensamientos, el desajuste emocional... También cuando finalizan los tratamientos, porque ése es otro de los momentos más temidos y deseados a la vez. Los miedos vuelven a aparecer. Surge el “y ahora qué”, el temor a la recaída, la vuelta a la vida cotidiana.
Por mucho que tu familia o tu pareja te apoyen, es difícil que comprendan el sentimiento de pérdida de feminidad, las inseguridades, los complejos e incluso la exacerbada ansia de vivir que tienen muchas mujeres que pierden su pecho como consecuencia de esta enfermedad. Para eso existen programas como Vivir como antes, “donde son las propias mujeres mastectomizadas quienes ayudan a la rehabilitación psicológica de aquellas que acaban de perder su pecho”, explica Ana Álvarez.
No hay que quedarse aislada o conviviendo con el miedo, la indefensión, la sensación de desprotección. Todo lo contrario, hay que preguntar. No conformarse con los datos puntuales, sino solicitar al médico información sobre el proceso de la enfermedad (síntomas, reacciones...) de forma continua.
“Mi cuerpo me demandaba mucha atención. Todas mis energías estaban centradas en curarme. A mí me ayudó mucho la meditación y hasta las terapias alternativas más espirituales. Con ellas aprendí a alejar cualquier cosa que molestara mi paz interior, incluso a las personas que no eran positivas para mí”, cuenta Sara Navarro.
Compártelo con alguien
Con la experiencia de pacientes y psicólogos se aprende que “es importante hablar y compartir sentimientos y temores con la pareja, con los hijos, con la familia más cercana, pues así el malestar se reduce”, corrobora la psicooncóloga. Hay que ser un poquito egoísta y buscar la estabilidad emocional que, junto el afán de superación y las ganas de luchar ayudan a afrontar la enfermedad con éxito. “Nuestro objetivo es enseñar a la mujer a hacer los cambios necesarios para que se sienta mejor y hacerle ver que no todo en su vida va a cambiar pero no para peor”, dice la experta.
Estas mujeres tienen que continuar con la vida cotidiana, reorganizar lo que sea preciso. Y alejar de la mente todos los pensamientos negativos. Sara Navarro coincide: “Nunca tuve miedo, nunca pensé que me fuera a morir. Estaba convencida de que el cáncer sólo era una dificultad, una experiencia que me tenía que hacer crecer. Lo positivicé muchísimo. Por fin tenía tiempo para mí”. Y no le falta razón porque en esos momentos hay que disfrutar de lo que te rodea, aunque a veces cueste. Y sobre todo, quererse y dejarse querer. Y ¿qué pasa cuando se supera? El gran cambio se produce en la percepción de la vida, en las creencias, en la forma de disfrutar... Hay mujeres que tras la experiencia viven mejor que antes, se replantean muchas cosas. Pero, generalmente, hay un después mejor.