Compartir: Menéame Yahoo Del.icio.us Digg Technorati Fresqui

Patricia, de 42 años y su madre Pepi de 75 años: se dedican a la pintura
 

Pintoras



Vocaciones heredadas


“De ella, he aprendido su tozudez y a ser constante”


Patricia, de 42 años, ha encontrado su propio lenguaje como pintora, una profesión que ejerce con la misma pasión que su madre, Pepi, de 75 años. Hacerlo fue algo inconsciente. De ella he aprendido su tozudez, a respetar lo que no comparto y a ser constante a pesar de los impedimentos de la vida. Ahora sé que fue un privilegio criarme en ese ambiente, pero nunca me ha presionado para que imitase su estilo, dice Patricia con el orgullo de saber que tanto ella como su madre han hecho realidad algo difícil en nuestro país: vivir del arte.

Mi madre tuvo cinco hijos y se ha mantenido como pintora en una época en la que trabajar estaba mal visto. Esto ha sido un ejemplo para mí, que tengo que hacer cábalas para compaginar mi trabajo en mi academia de pintura y luego, mi obra personal. Es complicado y por eso sólo me he podido permitir tener una hija, explica mientras termina una jornada laboral que echa el cierre hoy a las diez y media de la noche. Pese a los halagos, Pepi niega haberle dado consejos a su hija. No sirven para nada. Yo prefiero comentarlo todo con ella y escucharnos en nuestros distintos puntos de vista, razona Pepi, que lleva desde los 8 años con un pincel entre los dedos.


Textos: Ana S. Juárez y Olga G. Braojos