6. Muéstrale la manera de usar el preservativo
Como diría tu hijo: “¡Qué marrón!”, pero el sexo debe ser seguro. En España, cada año se quedan embarazadas 12 de cada 1.000 chicas menores de 19 años y, sólo en 2004, se diagnosticaron 2.336 nuevos casos de sida en jóvenes entre 16 y 21 años. El preservativo es la mejor forma de evitarlo. Si no sabes cómo sacar el tema, Miguel Picó te cuenta su experiencia: “Cuando mi hija cumplió 13 años le compré una caja de preservativos y le dije: ‘Mira, esto es un preservativo. Quédatelo y, si tienes una relación, haz que se lo ponga tu compañero. Sólo te digo una cosa: ve con cuidado y sé responsable. Yo confío en ti’”. Aunque tu hijo sepa lo que es un condón, no des el tema por zanjado. “Hay jóvenes que creen que se puede utilizar dos veces. Con lo cual, no les sirve de nada. Hay que descartar la vergüenza, explicarles cómo se utiliza y contarles que no es el único método. Y, si es una chica, insistir en que no espere a que sea su compañero quien lleve el preservativo. Incluso podéis hacer la primera visita al ginecólogo juntas”, añade Isabel. La información evitará, entre otras cosas, el creciente abuso de la píldora del día después, que siempre es la peor solución.
7. Díselo: el orgasmo no es lo más importante
No le vendas más cuentos. La primera vez no suele ser maravillosa y ellos deben saberlo porque, si no, la desilusión puede ser peor. “Hay que contarles que, probablemente, en la primera experiencia no van a sentir placer. El chico puede patinar y, para la chica puede resultar desagradable porque, si está tensa, la penetración podría molestarle. No está garantizado que ambos lleguen al orgasmo. Es importante que se digan lo que quieren. Así, cuando adquieran experiencia, todo mejorará”, aclara la sexóloga. Anímale a desdramatizar y reírse de lo que suceda y, ¡por favor!, explícale que el fin del amor y del sexo no es la penetración ni el orgasmo. Para la experta, “sexo y orgasmo no tienen que ir unidos. El segundo es una cosa estupendísima que pasa mucha veces, pero no la única. La sexualidad son muchas más cosas: caricias, amor, confidencias... Si les vendemos que si no llegan hasta el final no viven una relación completa, pueden obsesionarse y no disfrutar. Está en tus manos cambiarlo”.
8. Mejor con amor
La sexualidad se enriquece con una buena relación de pareja. Sylvia de Béjar afirma que no está mal que se lo recuerdes a tu hijo: “Hay que darle sentido al sexo: de libertad, crecimiento, convivencia... Es una cuestión de respeto, de vivir un proyecto compartido, aunque no sea el compañero de su vida. Si hay comunicación y confianza entre los dos, les será mucho más fácil decirse lo que necesitan y desean durante la relación sexual”.
9. Evitar el alcohol y las drogas
Los jóvenes creen que éstos son el mejor aliado para desinhibirse y sentirse seguros, pero su efecto es fatal. Según Isabel, “interfieren en la erección, la eyaculación, la lubricación, la capacidad para llegar al orgasmo... Además, son una de las principales razones por las que los chicos dejan de usar el preservativo. Con la euforia y las prisas se olvidan y aparcan la responsabilidad”.
10. Tranquilízale: sus temores son naturales
Último capítulo: los miedos. Por un lado, los de ellos: a no dar la talla, a no quedar bien, a no impresionar y demostrar que no saben lo que tienen que hacer... Por otro, los de las chicas: a quedarse embarazadas, al dolor, a la apariencia, a no gustarle físicamente a su pareja, a no saber disimular su inexperiencia... “¿Solución? Formar a nuestros hijos desde niños para que se sientan bien consigo mismos, orgullosos de su cuerpo y de cómo son –concluye Miguel Picó–. Al sexo no hay que tenerle miedo, sólo respeto. Es una buena lección de vida y una parte vital de su proceso de maduración que debemos asumir los padres. Aunque cada vez hay progenitores más lanzados y se da más información en los colegios, los amigos siguen siendo los mejores consejeros, y eso hay que cambiarlo. ¡Hay adolescentes que creen que pueden quedarse embarazadas con un beso! Déjale claro que tú estás ahí para escucharle, aunque se equivoque”.