Nava es la capital sidrera de Asturias. De ello dan fe sus numerosos lagares y sidrerías, sus pomaradas o plantaciones de manzana, su impresionante Museo de la Sidra y, sobre todo, su festival, uno de los más importantes de la región, declarado fiesta de Interés Turístico Nacional.
Durante el fin de semana este pueblo, fundado en el siglo XIII con apenas 6.000 habitantes y situado a 31 kilómetros de Oviedo, sufre una auténtica transformación. Sus calles cambian de color, el número de habitantes se multiplica por tres y la alegría y el buen humor lo desbordan todo.
En Nava lo único que no cambia es el olor: un olor dulzón que lo impregna todo, porque durante los tres días que dura la fiesta la bebida asturiana por excelencia parece caer del cielo. Más de 2.000 litros de sidra se reparten gratuitamente entre los visitantes, los restaurantes no conocen otro ingrediente en sus cocinas, y toneles o pipas tradicionales se disponen estratégicamente en los lagares de la villa.
Para conocer la historia que sustenta esta tradición, entre culín y culín, pásate por el museo (abierto de 12.00 h a 14.00 h, y de 16.00 a 20.00 h). Después, reponte de tanto desmadre en alguno de los manantiales que rodean Nava. El poder curativo de sus aguas, sobre todo el de la Fuensanta, es conocido desde tiempos de los romanos.